Política

El nuevo Congreso bicameral: ¿una oportunidad para mejorar la calidad legislativa?

El inicio del Congreso bicameral plantea interrogantes sobre su capacidad para mejorar la calidad legislativa tras años de decisiones apresuradas.

Diego Cárdenas 2 min de lectura
El nuevo Congreso bicameral: ¿una oportunidad para mejorar la calidad legislativa?

Un cambio en el diseño parlamentario

El reciente inicio de funciones del nuevo Congreso bicameral ha generado expectativas sobre su impacto en la calidad de las leyes en el país. Durante el periodo 2021-2026, se han promulgado 101 leyes por insistencia, a pesar de las observaciones del Ejecutivo, lo que ha resultado en un costo fiscal anual estimado por el Consejo Fiscal en más de S/36 mil millones. Esta cifra es notablemente superior a lo que se había registrado entre 2006 y 2021, donde los costos fueron casi 65 veces menores.

Una de las principales críticas al sistema legislativo actual es la falta de un verdadero contrapeso. Con el diseño parlamentario anterior, una sola cámara podía convertir un proyecto en ley con una simple mayoría. Esto llevó a que, según el Instituto Peruano de Economía (IPE), una de cada cuatro normas publicadas desde la pandemia se aprobara por esta vía excepcional. En contraste, entre 2000 y 2019, solo el 7% de las leyes se aprobaron bajo estas condiciones.

La implementación de un Senado revisador podría ser la clave para mejorar este panorama. En Colombia, cuando ambas cámaras aprueban textos diferentes, se establecen comisiones de conciliación que negocian una versión única antes de su promulgación. Este enfoque no solo permite corregir errores sino también enriquecer los debates legislativos.

A pesar de las ventajas teóricas del sistema bicameral, surgen interrogantes sobre su efectividad real. La falta de requisitos técnicos o académicos para ser senador ha sido objeto de críticas por parte de juristas y analistas políticos. Esto podría dar lugar a que factores políticos primen sobre criterios técnicos en la revisión y aprobación de leyes.

Aunque la bicameralidad no garantiza automáticamente mejores leyes, sí abre la puerta a una discusión más profunda y rigurosa sobre los proyectos legislativos. La verdadera prueba será si el Senado utiliza su poder revisador con criterio técnico y no simplemente como un instrumento político para bloquear o aprobar iniciativas según conveniencias momentáneas.

En conclusión, mientras que el nuevo Congreso bicameral representa una oportunidad significativa para elevar los estándares legislativos del país, su éxito dependerá fundamentalmente del compromiso y profesionalismo con que sus miembros aborden sus responsabilidades.

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