Un proceso electoral marcado por la polarización
El pasado 7 de junio, más de 27 millones de peruanos acudieron a las urnas para participar en las Elecciones Generales Perú 2026. Este evento crucial definió el futuro político del país, enfrentando a dos figuras emblemáticas: Keiko Fujimori, representante de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú.
A las 5 p.m., se cerraron las mesas de sufragio, dando inicio al conteo oficial. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) reveló que, con el 99.1% de actas contabilizadas, Keiko Fujimori lideraba con un 51.91% frente al 48.09% obtenido por Roberto Sánchez en la región de Ica.
A pesar del interés generado, la jornada electoral estuvo marcada por un alto nivel de ausentismo; más de siete millones de ciudadanos no ejercieron su derecho al voto, lo que ha suscitado críticas sobre la efectividad del sistema electoral peruano. Además, surgieron denuncias sobre irregularidades en el proceso organizado por la ONPE.
Las elecciones se desarrollaron en un ambiente caracterizado por una fragmentación política sin precedentes. En la primera vuelta celebrada el pasado 12 de abril, participaron hasta 35 candidatos, reflejando una diversidad política que complicó aún más el panorama electoral. Keiko Fujimori obtuvo solo un 17.19% y Roberto Sánchez un 12.04%, lo que los llevó a una reñida segunda vuelta.
No votar en Perú conlleva sanciones económicas que varían según la situación socioeconómica del distrito donde reside el ciudadano. Las multas oscilan entre S/27.50 y S/110 dependiendo si se trata de distritos en pobreza extrema o no pobres respectivamente.
A medida que los peruanos reflexionan sobre su participación cívica, es fundamental recordar que el sufragio es obligatorio y que existen penalidades tanto para quienes no votan como para aquellos que incumplen su deber como miembros de mesa.


