Un mes complicado para la economía peruana
Marzo se presenta como un mes crítico para la economía de Perú, enfrentando a los ciudadanos con tres importantes desafíos que impactan directamente en su bolsillo. La combinación de un racionamiento local de gas, el aumento del precio del petróleo y la fortaleza del dólar están generando una tormenta perfecta que podría complicar aún más la situación económica del país.
El primer desafío proviene de una interrupción local en el suministro de gas, especialmente en Lima y Callao. Este racionamiento ha sido necesario tras un accidente que afectó las operaciones. Las autoridades han priorizado el suministro a hogares y al Gas Natural Vehicular (GNV) utilizado por el transporte masivo, dejando a las generadoras eléctricas e industrias con escasez. Este ajuste ha repercutido negativamente en sectores que dependen casi exclusivamente del gas, lo que pone en riesgo su operatividad.
El segundo golpe llega desde el extranjero. El conflicto en Medio Oriente, particularmente alrededor del Estrecho de Ormuz, está elevando los precios internacionales del petróleo. Con aproximadamente una quinta parte del comercio global de petróleo y gas natural transitando por esta ruta estratégica, cualquier complicación podría llevar a un encarecimiento significativo de los combustibles. En este contexto, el precio del barril Brent se mantiene por encima de los 80 dólares, justo cuando Perú necesita alternativas para sustituir el gas racionado.
Por si fuera poco, el tipo de cambio también ha experimentado un notable incremento. El 3 de marzo, se registró una subida del 1.6%, marcando uno de los mayores aumentos diarios en cinco años. Esta tendencia hacia un dólar más fuerte no solo afecta la capacidad adquisitiva de los peruanos sino que también encarece las importaciones necesarias para cubrir la demanda energética nacional.
A medida que estos factores se entrelazan, surge también la preocupación por el Fenómeno El Niño. Aunque actualmente se espera un evento costero débil, sus efectos podrían comenzar a sentirse pronto, afectando potencialmente los precios alimentarios debido a cambios climáticos inesperados.
Dada esta serie de crisis interconectadas, es crucial implementar respuestas rápidas y efectivas. Se requieren medidas claras sobre racionamiento y prioridades para evitar situaciones caóticas como colas interminables o especulación desmedida en los precios. Además, es fundamental facilitar alternativas energéticas sin recurrir a controles excesivos o subsidios prolongados.
No obstante lo anterior, es evidente que estas emergencias deben servir como catalizadores para abordar problemas estructurales más profundos dentro del sector energético peruano. Desde 2013 ha habido una caída significativa en la inversión destinada a exploración y explotación gasífera; desde entonces solo se han realizado tres perforaciones exploratorias comparadas con las 47 entre 2011 y 2015. Es imperativo establecer reglas estables para fomentar nuevas inversiones y desarrollar infraestructura adecuada que garantice un suministro energético sostenible.


