Un encuentro literario que trasciende fronteras
El Hay Festival de Arequipa se prepara para recibir a J. M. Coetzee, el renombrado autor sudafricano, quien compartirá su visión sobre la poesía del peruano Mariano Melgar. Este evento, programado para el próximo 7 de noviembre, promete ser un punto de encuentro entre culturas y lenguas, donde la literatura se convierte en un puente entre dos mundos.
Coetzee ha estado trabajando durante tres años en la traducción de los yaravíes de Melgar junto a su amiga Valerie Miles. En una reciente entrevista, el escritor confesó que su primer contacto con Melgar fue a través de una antología de poesía latinoamericana. A pesar de que su obra no es ampliamente conocida fuera del Perú, Coetzee se sintió atraído por la profundidad emocional y musicalidad presente en los versos del poeta arequipeño.
Los yaravíes, caracterizados por su melancolía y belleza, reflejan un profundo dolor amoroso que resonó con Coetzee. «Melgar murió joven y sus poemas son un testimonio de sus intensos sentimientos hacia Silvia», comentó el autor. Esta conexión emocional es lo que hace que los versos sean tan poderosos; son como un diario íntimo donde se plasman las emociones cambiantes del joven amante.
A lo largo de la conversación, Coetzee también abordó las tensiones lingüísticas presentes en la obra de ambos autores. Al igual que él navega entre el inglés y el afrikáans, Melgar se mueve entre el español y el quechua. Esta dualidad lingüística no solo refleja sus identidades culturales sino también una resistencia ante las lenguas imperiales.
El festival culminará con un recital musical donde Coetzee y Miles interpretarán los poemas seleccionados junto a músicos locales como María Antonieta Dávalos y Pedro Rodríguez. Este evento no solo celebrará la poesía sino también rendirá homenaje a la rica herencia cultural peruana.
Coetzee reflexionó sobre cómo los nombres de grandes escritores peruanos han trascendido al ámbito deportivo; por ejemplo, Melgar da nombre al equipo más importante de Arequipa. Esto plantea preguntas sobre cómo se construye la memoria cultural: ¿pueden figuras literarias ser recordadas sin ser leídas? La respuesta parece estar en eventos como este festival, donde las palabras cobran vida nuevamente.


