Un panorama electoral preocupante
Las elecciones generales del pasado 7 de junio han dejado al nuevo Congreso bicameral con una representación política alarmantemente baja, marcando un hito en la historia parlamentaria del país. Con solo el 35% de los electores hábiles apoyando a los seis partidos que obtuvieron escaños, se trata de la cifra más baja en al menos 26 años.
Históricamente, hasta el año 2021, las agrupaciones políticas que lograban representación en el Congreso unicameral no caían por debajo del 40%. Sin embargo, en esta nueva etapa bicameral, la situación ha cambiado drásticamente. En la Cámara de Diputados, donde se mantienen 130 miembros, los partidos han alcanzado apenas un 33.65%, mientras que en la Cámara de Senadores, la cifra es ligeramente superior con un 35.63%.
Aún más preocupante es el hecho de que muchos diputados electos han llegado a sus curules con votaciones históricamente bajas. En 20 circunscripciones, los nuevos representantes han registrado las menores votaciones desde 1995. Por ejemplo, Mery Infantes fue reelecta con una cantidad de votos inferior a su anterior elección; obtuvo 1.131 votos menos. Carlos Domínguez y Milagros Takayama también presentan caídas significativas en su apoyo popular.
A medida que se analiza este fenómeno, expertos como Martín Cabrera advierten sobre una tendencia alarmante: desde 2016, ningún Parlamento ha logrado representar a más de la mitad del electorado. “Lo del 2026 no sería una caída; es la consolidación de una tendencia”, señala Cabrera.
La falta de legitimidad podría traducirse en complicaciones durante la gestión legislativa. La ausencia de consensos y posibles fraccionamientos dentro de las bancadas son riesgos latentes que podrían afectar gravemente el funcionamiento del nuevo sistema bicameral. “El bicameralismo debuta sin colchón de legitimidad”, advierte Cabrera.
A medida que se aproxima el inicio del nuevo período parlamentario en agosto próximo, queda claro que los desafíos son múltiples y complejos. La ciudadanía observa atentamente cómo estos nuevos representantes manejarán sus funciones y si podrán superar las expectativas mínimas necesarias para recuperar la confianza pública en un sistema político tan necesitado de reformas efectivas.


