Un análisis crítico del debate sobre salud
El reciente debate presidencial entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, celebrado el 31 de mayo, dejó al descubierto no solo las propuestas de los candidatos, sino también una alarmante omisión de temas críticos relacionados con la salud pública en Perú. A pesar de contar con un tiempo considerable para abordar este tema vital, ambos candidatos pasaron por alto cuestiones fundamentales que afectan a millones de peruanos.
Uno de los aspectos más alarmantes que no se mencionó fue la mortalidad materna. Este indicador es crucial para evaluar la efectividad del sistema de salud en el país. En regiones como Loreto, las mujeres tienen siete veces más probabilidades de morir durante el embarazo o el parto en comparación con Lima. Esta disparidad es resultado directo de la falta de recursos médicos y obstétricos adecuados en áreas rurales.
A pesar de que Fujimori propuso soluciones como la telemedicina y Sánchez sugirió aumentar el número de policlínicos, ninguno abordó la grave desigualdad en la distribución de especialistas. Actualmente, el 60% de los psiquiatras del MINSA se concentran en Lima, dejando a regiones como La Libertad con una escasez crítica. Esto significa que pacientes con diagnósticos serios deben viajar largas distancias para recibir atención adecuada.
Otro punto ciego fue la precariedad laboral del personal sanitario. Un asombroso 71% del personal trabaja bajo contratos temporales, lo que afecta gravemente la continuidad y calidad del servicio médico en zonas vulnerables. Sin un equipo estable, las iniciativas propuestas por ambos candidatos carecen de viabilidad real.
Tanto Fujimori como Sánchez hicieron referencia a los problemas existentes en hospitales y postas médicas; sin embargo, omitieron mencionar que hasta el 95% de estas instalaciones carecen de condiciones mínimas para operar eficazmente. Esto significa que muchos problemas médicos se agravan antes incluso de llegar a emergencias hospitalarias.
A pesar del creciente número de asegurados bajo EsSalud —más de 12 millones— los tiempos para recibir atención han aumentado drásticamente. Por ejemplo, un paciente puede esperar hasta 53 días solo para realizarse pruebas diagnósticas esenciales. Esta situación refleja un sistema colapsado ante una demanda creciente.
Aunque el Servicio Rural y Urbano Marginal (SERUM) permite que jóvenes profesionales presten servicios médicos en áreas remotas a cambio de bajos salarios, este mecanismo no ha sido objeto ni siquiera mencionado por los candidatos durante el debate. Sin reformas significativas y remuneraciones justas, este sistema podría llevar al colapso total del servicio médico rural.
A medida que nos acercamos a las elecciones presidenciales, es fundamental exigir respuestas claras sobre cómo cada candidato planea abordar estos problemas críticos dentro del sistema sanitario peruano. Las omisiones durante el debate revelan una desconexión preocupante entre las propuestas políticas y las realidades vividas por millones; es hora de poner sobre la mesa estos temas urgentes antes que sea demasiado tarde.


