La evolución del fenómeno El Niño
El fenómeno El Niño ha comenzado a mostrar signos alarmantes de intensificación, lo que ha llevado al Comité Multisectorial Encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) a clasificarlo como «fuerte» para el periodo de junio a septiembre. Esta revisión, que se produce en un corto lapso de tiempo, refleja una probabilidad del 48% de que esta magnitud se mantenga hasta el verano de 2026-2027. Las advertencias sobre un evento climático significativo han sido emitidas por organismos internacionales desde principios de año, lo que añade un nivel adicional de preocupación.
Los efectos ya son palpables en la agroindustria peruana. Según informes recientes, cultivos clave como el mango y la palta están experimentando pérdidas significativas en su producción. Se estima que el mango ha visto caer su rendimiento entre un 10% y un 15%, mientras que la palta, cuya producción está concentrada principalmente en la costa norte, muestra signos evidentes de estrés térmico. Por otro lado, el arándano enfrenta incertidumbres debido a las condiciones climáticas más cálidas durante el otoño.
En este contexto incierto, surge la importancia de la denominada “cláusula del fenómeno El Niño”, comúnmente incluida en los contratos comerciales y acuerdos financieros dentro de la agroindustria. Esta cláusula permite a los productores activar reprogramaciones o suspensiones temporales ante una declaración formal del Enfen sobre el fenómeno. Sin embargo, activar esta cláusula no es una decisión sencilla; implica costos adicionales y restricciones operativas para las empresas afectadas.
A medida que se acerca el periodo crítico para los cultivos afectados, los CFOs y responsables comerciales enfrentan un dilema importante: decidir si invocar esta cláusula antes de tener claridad sobre cómo evolucionará El Niño. La activación puede ser necesaria para mitigar riesgos financieros, pero también puede acarrear penalidades y limitaciones operativas significativas.
Una estrategia recomendada es iniciar conversaciones proactivas con acreedores o contrapartes para explorar posibles ajustes antes de llegar al punto crítico definido por el contrato. Este enfoque puede facilitar soluciones más constructivas que esperar hasta que sea necesario activar formalmente la cláusula bajo presión.
A medida que las empresas agroindustriales navegan por este panorama cambiante, es esencial revisar cuidadosamente los términos específicos relacionados con las cláusulas del fenómeno El Niño en sus contratos. Preguntas clave deben ser respondidas: ¿cuál es mi trigger? ¿Se cumple actualmente? ¿Cuáles son mis costos reales? La falta de respuestas claras podría resultar costosa en este entorno volátil.


