Una emergencia que revela vulnerabilidades
La reciente interrupción del suministro de gas natural en Perú ha puesto de manifiesto una fragilidad estructural en la cadena de suministro del país. Este incidente no es solo un problema aislado, sino que resalta la necesidad imperiosa de revisar las condiciones regulatorias y de infraestructura que han limitado el potencial energético del país.
A pesar de contar con abundantes recursos gasíferos, el Perú aún enfrenta desafíos significativos para maximizar su uso. Desde el inicio de operaciones del proyecto Camisea, el gas natural ha transformado la matriz energética nacional, aumentando su participación del 1% en 2004 al 13% en 2023. Sin embargo, este crecimiento no ha sido homogéneo; la demanda se concentra principalmente en Lima y Callao, donde se encuentra el 94% de los consumidores.
Fuera de la capital, el desarrollo ha sido lento. En regiones como el norte y sur del país, donde las tarifas son más altas debido a una menor demanda eléctrica, la cobertura residencial es alarmantemente baja: apenas un 16% en el norte y un mísero 2.4% en el sur. Esta disparidad limita no solo el acceso al gas natural sino también las oportunidades para conectar industrias y centrales eléctricas que podrían beneficiarse de costos más bajos.
A pesar del ciclo favorable de precios altos en los últimos años, la inversión en hidrocarburos ha disminuido drásticamente. Desde 2016, solo se han realizado tres perforaciones exploratorias entre 2021 y 2025, comparado con las 47 realizadas entre 2011 y 2015. Esta falta de actividad pone en riesgo las reservas probadas de gas, que han estado cayendo durante varios años.
El entorno para invertir es complicado; múltiples entidades reguladoras con plazos prolongados para permisos crean un clima poco atractivo para los inversores. La fragmentación institucional y la alta rotación de autoridades contribuyen a una falta de predictibilidad que desincentiva proyectos a largo plazo.
Ante esta situación crítica, es fundamental adoptar medidas concretas para fortalecer la matriz energética peruana. Se requiere:
- Fortalecer instituciones clave: El Ministerio de Energía y Minas (Minem), Osinergmin y Perupetro deben tener roles claros y técnicos para promover inversiones.
- Modernizar marcos regulatorios: Acelerar trámites administrativos puede facilitar nuevas inversiones tanto en exploración como explotación.
- Aumentar coordinación interinstitucional: Es vital promover estrategias eficientes para masificar el uso del gas natural.
A medida que Perú enfrenta estos desafíos energéticos críticos, es esencial que se inicie un diálogo profundo sobre cómo aprovechar plenamente su potencial energético. La crisis actual debe ser vista como una oportunidad para replantear políticas e impulsar cambios necesarios hacia un futuro energético más robusto.


