Un nuevo capítulo en la historia del crimen organizado en Trujillo
La reciente liberación del empresario minero Jens Marty Lara Tantaquilla, quien fue secuestrado en Trujillo, ha reavivado el temor sobre la influencia de las organizaciones criminales en la región. Este suceso, que tuvo lugar el pasado domingo, ha puesto de manifiesto la capacidad operativa de Los Pulpos, una banda con décadas de actividad delictiva que parece haber encontrado nuevas formas de operar.
Los Pulpos han sido históricamente conocidos por su implicación en delitos como el tráfico de terrenos, extorsiones y sicariato. Su evolución criminal ha sido notable; comenzaron con usurpaciones y han expandido su accionar hacia la microcomercialización de drogas. Esta organización se consolidó al integrarse a otras facciones criminales, lo que les permitió aumentar su poder e influencia en La Libertad.
A pesar de múltiples detenciones y exposiciones mediáticas, Los Pulpos han demostrado una sorprendente capacidad para reorganizarse. Según el exdirector de Investigación Criminal Juan Carlos Sotil, muchos miembros han logrado evadir la justicia y continuar operando desde las sombras.
El caso del secuestro de Jens Marty revela un alto nivel de planificación por parte de los delincuentes. Se sospecha que realizaron un seguimiento previo al empresario y simularon una intervención policial para llevar a cabo el ataque. Utilizando uniformes similares a los de unidades especializadas, lograron interceptar su vehículo sin levantar sospechas inmediatas.
A medida que Los Pulpos enfrentan presión legal y mediática, nuevas organizaciones como Cruz Verde, liderada por figuras como Gringasho, han comenzado a ganar notoriedad. Sin embargo, el hijo del infame líder “Jhon Pulpo”, conocido como Johnson Cruz Torres, ha replicado el perfil violento paterno y busca venganza contra sus rivales, lo que ha llevado a una escalada en los asesinatos selectivos dentro del crimen organizado.
No solo actúan localmente; Los Pulpos mantienen conexiones con organizaciones criminales en países como Argentina, Bolivia, Chile y Colombia. Estas redes internacionales les permiten mover dinero ilícito fuera del Perú y sostener sus operaciones clandestinas. En febrero pasado, las autoridades chilenas arrestaron a 34 presuntos miembros durante operativos relacionados con extorsiones que alcanzaban cifras alarmantes.
A medida que Trujillo enfrenta esta nueva ola de violencia e inseguridad provocada por Los Pulpos y sus sucesores, queda claro que la lucha contra estas organizaciones es más compleja que nunca. Las autoridades deben redoblar esfuerzos para desmantelar estas redes antes de que se conviertan en una amenaza aún mayor para la sociedad peruana.


