Un día de tragedia y esperanza en Pereira
La ciudad colombiana de Pereira enfrenta un panorama desolador tras el violento terremoto de magnitud 7,4 que sacudió la región el lunes. Con al menos 72 vidas perdidas en Risaralda y un balance total que podría ascender a cerca de 240 muertos, la comunidad se encuentra sumida en la búsqueda desesperada de sus seres queridos.
Maribel Verano Ramírez, una residente local, ha recorrido cada rincón donde las autoridades y voluntarios trabajan para rescatar a quienes aún podrían estar atrapados. Su angustia es palpable mientras muestra fotos de su madre y hermana, quienes se encontraban en un hotel que colapsó durante el sismo. «No sé si están vivas o no», dice con lágrimas en los ojos, rogando por cualquier información sobre su paradero.
A pesar del caos inicial marcado por cortes de luz y problemas de comunicación, Pereira ha comenzado a reactivarse. Muchos negocios han abierto sus puertas nuevamente, enfrentándose a los daños visibles: vidrios rotos y estanterías desordenadas. La necesidad de ofrecer servicios esenciales ha llevado a farmacéuticos y restauranteros a limpiar rápidamente sus locales para atender a una población que aún busca normalidad.
El gobierno local ha intensificado las operaciones de rescate y remoción de escombros. Las principales avenidas están siendo despejadas para facilitar el tránsito mientras camiones cargados con restos de edificios colapsados transitan sin cesar. En la emblemática Plaza de Bolívar, un edificio icónico se ha convertido en símbolo del desastre, con sus ruinas alcanzando hasta el monumento al Libertador Simón Bolívar.
A medida que avanza la jornada, los habitantes muestran una notable resiliencia. Mientras algunos buscan desesperadamente a sus seres queridos, otros comienzan a reconstruir lo que pueden. La comunidad se une no solo para buscar sobrevivientes sino también para apoyar emocionalmente a aquellos que han perdido todo.
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