Un legado de emociones y narrativas
Michelle Alexander, una figura emblemática en la televisión peruana, está celebrando un hito significativo: 50 años de trayectoria en la industria del entretenimiento. Desde sus humildes comienzos hasta convertirse en la cabeza de Del Barrio Producciones, su viaje ha estado marcado por una pasión inquebrantable por contar historias que resuenan con el público.
<pla historia de Michelle comienza en los estudios de Panamericana Televisión, donde, acompañada por su padre, el productor Alberto Alexander, se enamoró del mundo audiovisual. Aunque inicialmente se inclinó hacia la Ingeniería Industrial, pronto se dio cuenta de que su verdadera vocación estaba en la televisión. Su primer trabajo fue como asistente de vestuario en ‘Carmín’, donde aprendió lecciones valiosas sobre la industria, incluso tras ser despedida.
El verdadero cambio en su carrera llegó en 2004 cuando descubrió a Dina Páucar, una cantante folclórica cuya vida estaba llena de desafíos y triunfos. A pesar del escepticismo inicial sobre el interés del público por su historia, Michelle decidió producir una miniserie sobre ella. El resultado fue un fenómeno televisivo que alcanzó un impresionante rating de 50 puntos y demostró que las audiencias deseaban verse reflejadas en pantalla.
A lo largo de dos décadas al frente de Del Barrio Producciones, Michelle ha creado más de 50 ficciones que han marcado generaciones. Su enfoque ha sido siempre contar historias auténticas y cercanas a la realidad peruana, alejándose del modelo tradicional latinoamericano. “Comenzamos como una bodeguita y ahora somos un gran supermercado”, dice con orgullo.
No solo se ha limitado a la televisión; recientemente logró uno de sus sueños al producir su primera película, ‘Amando a Amanda’, dirigida por Ani Alva. Este proyecto ha sido bien recibido y marca el comienzo de nuevas aventuras cinematográficas para Michelle.
A pesar de los cambios drásticos en el ecosistema audiovisual debido al auge del streaming y la inteligencia artificial, Michelle mantiene una visión positiva sobre el futuro. “La televisión seguirá viva mientras nos siga emocionando”, afirma con convicción. Además, considera que aunque la IA puede ser útil, carece del corazón necesario para crear verdaderas obras emocionales.
A sus 70 años, Michelle no tiene planes de retirarse; sigue activa supervisando guiones y producciones. “Cuando estoy fuera del trabajo me aburro rápidamente”, confiesa entre risas. Su amor por las historias continúa siendo tan fuerte como cuando era niña recorriendo los estudios junto a su padre.


