Un atractivo turístico en peligro
La laguna Parón, situada en la región Áncash, se ha convertido en un punto de atención debido a su creciente riesgo de desborde. Según un informe del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (Inaigem), esta laguna es una de las más amenazadas del país, lo que podría tener consecuencias devastadoras para las comunidades cercanas.
A pesar de las advertencias sobre el peligro inminente, la comunidad local Cruz de Mayo ha decidido restringir el acceso a los especialistas que podrían evaluar el nivel del agua. Esta situación ha generado tensiones entre los residentes y las autoridades, quienes han intentado sin éxito establecer diálogos para abordar el problema. La comunidad argumenta que no hay peligro inmediato y que el nivel del agua está bajo control.
No obstante, fuentes locales han alertado sobre fisuras en el dique que protege a la laguna. Este dique no ha recibido mantenimiento durante 17 años, lo que aumenta significativamente el riesgo de un eventual desborde. En caso de que esto ocurra, se estima que alrededor de 35 mil habitantes de la ciudad Caraz, ubicada aguas abajo, serían los más afectados.
A pesar de las restricciones impuestas por las autoridades desde 2023 tras varios deslizamientos, se estima que cada fin de semana hasta 300 turistas visitan la laguna Parón. Durante feriados largos, esa cifra puede ascender hasta 700 visitantes. Las agencias turísticas continúan promoviendo excursiones al lugar sin supervisión adecuada ni medidas de seguridad implementadas.
El presidente de la comunidad Cruz de Mayo, Miguel Capra, sostiene que no existe ningún peligro inminente y critica las alertas emitidas por las autoridades. Asegura que el nivel del agua se regula naturalmente y pide a los funcionarios capacitar a los emprendedores locales en lugar de imponer restricciones.
A medida que se intensifican las lluvias estacionales y con el cambio climático como telón de fondo, expertos advierten sobre la posibilidad real de un desastre similar al ocurrido recientemente en Nepal. La falta de mantenimiento adecuado y la negativa a permitir sistemas modernos para monitorear riesgos podrían llevar a una tragedia si no se toman medidas urgentes.


