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Hikari: El legado de una familia nikkei que transformó el pollo a la brasa en un ícono limeño

Hikari se erige como un símbolo gastronómico limeño tras más de 40 años ofreciendo pollo a la brasa con una fusión única entre tradiciones criollas y japonesas.

Luis Paredes 3 min de lectura
Hikari: El legado de una familia nikkei que transformó el pollo a la brasa en un ícono limeño

Un viaje de sabor y tradición

En el corazón del Rímac, un pequeño local que comenzó como una fuente de soda ha evolucionado hasta convertirse en un referente gastronómico de Lima. Hikari, cuyo nombre significa «resplandor» en japonés, fue fundado en 1978 por Violeta Kohashigawa y Julio Gushiken. Esta pareja no solo creó un negocio; forjaron una tradición que ha perdurado por más de cuatro décadas.

La historia de Hikari se remonta a un momento clave cuando Julio, repartidor de pollos crudos, vio una oportunidad única en el bullicioso distrito del Rímac. Junto a Violeta, abrió las puertas de su primer local en la avenida Tarapacá. Desde sus inicios, el éxito fue inmediato gracias al ambiente vibrante del barrio, lleno de discotecas y salones donde la gente buscaba disfrutar de buena comida después de una larga noche.

Lo que distingue a Hikari no es solo su rica historia familiar, sino también su propuesta gastronómica. La pollería combina sabores criollos y orientales en su famoso aderezo para el pollo a la brasa, resultado de años de perfeccionamiento. Además, su menú incluye platos tradicionales peruanos como lomo saltado y arroz chaufa, lo que le otorga una versatilidad poco común entre sus competidores.

A pesar de enfrentar múltiples crisis económicas a lo largo de los años, Hikari ha demostrado ser resistente. Sin embargo, la pandemia representó un desafío sin precedentes: cinco de sus nueve locales tuvieron que cerrar temporalmente. Johnny Gushiken, actual gerente e hijo de los fundadores, recuerda cómo esta decisión fue dolorosa pero necesaria para proteger a sus empleados y adaptarse a las nuevas circunstancias.

A pesar del impacto adverso del COVID-19, Hikari ha logrado reestructurarse exitosamente y actualmente opera cuatro locales: uno en Rímac y otros tres en San Miguel y La Molina. Con planes para expandirse aún más hacia Lince y Surco, el futuro parece prometedor para esta emblemática pollería.

Uno de los pilares del éxito continuo de Hikari es su conexión emocional con los comensales. Muchos clientes han estado visitando el local desde hace décadas e incluso han traído a sus hijos para disfrutar del mismo sabor que ellos conocieron en su infancia. «Es gratificante ver cómo las generaciones se suceden», comenta Johnny.

A medida que se acerca al medio siglo desde su fundación, Hikari no solo ha resistido el paso del tiempo; ha sabido adaptarse sin perder su esencia original. Este emprendimiento familiar es un testimonio vivo del espíritu emprendedor nikkei que honra sus raíces mientras mira hacia adelante con optimismo.

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