Un trompetista con raíces profundas
Giovanni Siveroni, un destacado trompetista peruano, ha estado desafiando las normas del arte musical durante más de 25 años. Con una carrera que lo ha llevado a los escenarios de Francia, Suiza e Inglaterra, su enfoque innovador combina la música con principios del kung fu, creando un estilo único que va más allá de la simple interpretación musical.
Siveroni no se limita a enseñar a tocar la trompeta; su propuesta pedagógica, titulada The Sound of Fitness, busca integrar el control consciente de la respiración y técnicas de meditación como el Chi Kung en la práctica musical. Este enfoque ha sido implementado en instituciones prestigiosas como el Berklee College of Music. “Mediante el suspiro, enseño que el cuerpo sea feliz en cualquier acto artístico”, explica Siveroni, quien también está trabajando en un libro titulado Mastering the Art of Martial Music.
A medida que Giovanni concluye su gira por Lima, donde ha compartido escenario con artistas como la cantante argentina Cazzu, reflexiona sobre su trayectoria. Su participación en el álbum ganador del Grammy Alma, corazón y salsa (Live at Gran Teatro Nacional), junto a Tony y Mimmy Succar, marcó un hito significativo en su carrera. “Estuve tocando con la banda de Tony ya dos años antes de quedar varado en Perú durante la pandemia”, recuerda.
A pesar de sus logros académicos y profesionales, Siveroni critica abiertamente las estructuras educativas tradicionales para artistas en Perú. “No pueden catalogar a un artista por el diploma que no tiene”, afirma. Su perspectiva surge tras conversaciones con colegas que sienten que las instituciones educativas actuales no reflejan las necesidades contemporáneas del mundo musical.
Nacido en una familia dedicada al arte —su madre fue bailarina y su padre maestro de danza— Giovanni reconoce cómo estas influencias han moldeado su vida. Sin embargo, también enfrenta desafíos personales; tras un divorcio y dificultades económicas durante la pandemia, sigue encontrando fuerza para continuar su carrera. “La música se convirtió en una profesión hace un tiempo. Para mí, ser músico es reconocer quién eres antes de tocar una nota”, reflexiona.
Aunque es conocido por su virtuosismo con la trompeta, Giovanni enfatiza que ser artista implica mucho más que fama o reconocimiento. “Para trascender, un artista tiene que escucharse a sí mismo”, dice mientras mira hacia su madre presente durante la entrevista. Al final, responde a la pregunta sobre quién es realmente: “Hijo de mi madre, la artista. Ese soy yo. Un buen hijo”. Su historia es un recordatorio poderoso de cómo el arte puede ser tanto una forma de expresión personal como una herramienta para desafiar convenciones sociales.


