Protesta frente a la Embajada de Rusia en Lima
Este martes, un grupo de familiares de ciudadanos peruanos que han sido reclutados para combatir en la guerra entre Rusia y Ucrania se congregó frente a la Embajada de Rusia en Lima. La manifestación fue impulsada por la desesperación y el deseo de obtener respuestas sobre el paradero y estado de salud de sus allegados, muchos de los cuales se encuentran heridos o desaparecidos.
Los manifestantes exigieron al gobierno peruano que acelere las investigaciones sobre las redes que han captado a estos ciudadanos con falsas promesas laborales. Norma, una madre afectada, compartió su angustia al mencionar que su hijo figura como desaparecido. «No podemos seguir esperando en silencio», expresó con lágrimas en los ojos.
A pesar del silencio oficial, las familias manejan información alarmante: se estima que al menos 150 peruanos podrían haber perdido la vida en el conflicto. Sin embargo, hasta ahora no hay confirmaciones oficiales por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores. Durante la protesta, algunos familiares denunciaron que quienes promovieron estas ofertas engañosas siguen libres y sin consecuencias.
En medio del clamor familiar, José, uno de los reclutados, logró comunicarse mediante videollamada desde un sanatorio cerca de Moscú. Desde su cama hospitalaria relató su grave situación: «No me han operado; tengo esquirlas alojadas cerca del corazón y en la arteria pulmonar». Su historia resuena con fuerza entre los presentes, quienes ven en ella un reflejo del sufrimiento colectivo.
Carolina Fernández, hermana de José, reveló cómo su hermano fue engañado bajo la premisa de trabajar como paramédico. Tras unos meses cumpliendo funciones civiles, fue forzado a recibir entrenamiento militar y enviado al frente. «Le dijeron que tiene que sobrevivir con eso y será enviado nuevamente a primera línea este 15 de agosto», lamentó Carolina.
A lo largo del evento se exhibieron carteles con mensajes conmovedores como: «Devuélvanlos», «Justicia» y «Que las lágrimas de las madres lleguen al oído de los responsables». Las familias piden no solo respuestas sino también humanidad ante una situación que consideran inaceptable.


