Descubriendo el corazón de los Andes
La aventura gastronómica en MIL, uno de los restaurantes más altos del mundo, comienza mucho antes de sentarse a la mesa. La planificación del viaje a Cusco es esencial, y muchos optan por alojarse en Urubamba, un encantador pueblo a solo 30 minutos de Moray, un sitio arqueológico que fue vital para los incas. Sin embargo, pocos saben que a corta distancia se encuentra este tesoro culinario que fusiona tradición y modernidad.
El trayecto hacia MIL no es simplemente un desplazamiento; es una inmersión en la cultura local. Al llegar, se atraviesa una chacra donde los habitantes trabajan la tierra. Norma Quispe Juárez, miembro de la comunidad K’acllaraccay, da la bienvenida a los visitantes con una ceremonia ancestral: frotarse las manos con tierra local como símbolo de conexión con el entorno. Este acto sencillo pero significativo marca el inicio de una experiencia que va más allá de lo gastronómico.
Una parte fundamental del recorrido incluye visitar Qollqa Mater, un espacio sagrado construido por la comunidad para conservar productos agrícolas utilizando técnicas ancestrales. Estas estructuras son conocidas como “refrigeradoras andinas” y representan un conocimiento profundo sobre conservación alimentaria. Aquí se almacenan habas, quinuas y otros cultivos esenciales, asegurando así la soberanía alimentaria frente a desafíos como el cambio climático.
Tras explorar Qollqa Mater, los visitantes regresan a MIL para comenzar su viaje culinario. La degustación está diseñada para ser un recorrido sensorial que refleja todo lo aprendido durante el día. Cada plato cuenta una historia; desde bebidas elaboradas con tubérculos locales hasta platos elaborados con carne de alpaca y cereales andinos. Esta experiencia no solo deleita el paladar sino que también invita a reflexionar sobre el futuro de nuestra alimentación.
A medida que avanza la cena, cada bocado se convierte en un homenaje a las comunidades locales y sus tradiciones. La diversidad de sabores transporta a los comensales desde las alturas andinas hasta las selvas amazónicas sin moverse del lugar. Este enfoque no solo celebra la riqueza cultural peruana sino que también plantea preguntas importantes sobre sostenibilidad y responsabilidad alimentaria.


