Un sismo que sacudió la región
El noroeste de Colombia fue el escenario de un reciente terremoto que, aunque severo, ha generado un debate sobre las diferencias en la percepción y los efectos de los sismos en comparación con los devastadores eventos ocurridos en Venezuela a finales de junio. Expertos en geología han comenzado a desentrañar las razones detrás de estas variaciones, centrándose en factores geológicos cruciales.
Raúl Pérez López, geólogo del CSIC, explica que una de las principales diferencias entre el terremoto colombiano y los sismos venezolanos es la profundidad a la que se originaron. Mientras que el evento colombiano tuvo su epicentro a aproximadamente 100 kilómetros bajo la superficie, los temblores en Venezuela se produjeron a solo 10 kilómetros.
Esta diferencia es fundamental, ya que la energía sísmica pierde fuerza exponencialmente al ascender hacia la superficie. En el caso colombiano, las réplicas se generan a unos 90 kilómetros, lo que significa que llegan atenuadas a las ciudades cercanas, reduciendo así su impacto.
Aparte de la profundidad, otro aspecto relevante es el mecanismo del sismo. En Colombia, se registró un movimiento tectónico inusual para una zona de subducción: un desgarre en sentido contrario a las agujas del reloj. Este tipo de movimiento disipa mejor la energía sísmica comparado con los terremotos superficiales típicos.
La tragedia venezolana fue exacerbada por dos temblores consecutivos de gran magnitud. Según el catedrático de Arquitectura José Luis Esteban Penelas, el primer sismo debilitó muchas estructuras, permitiendo que el segundo golpeara con fuerza devastadora poco después. En contraste, Colombia experimentó un único evento principal, evitando así una fatiga estructural inmediata.
A pesar del impacto inicial del terremoto colombiano, las menores réplicas ofrecen una ventana crucial para los equipos de rescate durante los primeros días tras el desastre. Esta situación permite llevar a cabo operaciones más efectivas bajo los escombros antes de que se produzcan nuevos temblores significativos.
Afortunadamente, Colombia cuenta desde 2010 con un reglamento antisísmico robusto. Aunque algunas edificaciones han sufrido daños menores o estéticos, muchas estructuras modernas han demostrado ser capaces de soportar oscilaciones horizontales sin colapsar durante este tipo de eventos.


