Un crimen que sacude las cárceles peruanas
El 4 de mayo de 2026, un hecho violento en la cárcel de Juliaca ha puesto en evidencia las fallas del sistema penitenciario en Perú. César Velásquez Montoya, conocido como ‘Chino Malaco’, fue asesinado a plena luz del día mientras se encontraba en el patio del pabellón 5, destinado a reclusos de máxima seguridad. Este asesinato no solo es notable por su brutalidad, sino también por el uso inusual de un arma de fuego dentro de una prisión.
Velásquez, quien cumplía una condena de 25 años por lavado de activos vinculado a la organización criminal Los Plataneros, fue atacado por otro interno, Luis Pairazamán Alcántara. Este último, condenado también a 25 años pero por robo agravado, ingresó al patio armado con un revólver Smith & Wesson calibre .32 y disparó cuatro veces contra su víctima antes de entregarse a las autoridades.
A pesar de que Velásquez había expresado temores sobre su seguridad y había alertado sobre posibles amenazas, las autoridades penitenciarias no tomaron medidas adecuadas para protegerlo. Un registro presentado al Instituto Nacional Penitenciario (INPE) indicaba que se había informado sobre el ingreso del arma al penal meses antes del asesinato. Sin embargo, no se realizaron acciones efectivas para evitar la tragedia.
La situación se complica aún más con la revelación de que el jefe de seguridad penitenciaria había alertado sobre posibles ingresos ilegales de armas y mencionó nombres específicos como posibles víctimas. Sin embargo, sorprendentemente, Velásquez no estaba entre ellos. Esto plantea serias dudas sobre la integridad y eficacia del personal encargado de mantener el orden dentro del penal.
Ante este alarmante incidente, el gobierno ha comenzado a considerar medidas drásticas para abordar la creciente violencia en las prisiones. Se ha propuesto solicitar facultades extraordinarias al Congreso para permitir que las Fuerzas Armadas asuman temporalmente el control dentro de los penales mientras se implementan reformas necesarias. Sin embargo, esta estrategia ha sido objeto de críticas debido a la falta de experiencia militar en administración carcelaria.
A medida que Perú enfrenta una crisis creciente en sus cárceles, es crucial reflexionar sobre lo sucedido con César Velásquez Montoya. La combinación letal entre corrupción institucional y falta de acción preventiva podría haber sido evitada con un enfoque más riguroso hacia la inteligencia y vigilancia dentro del sistema penitenciario. La pregunta ahora es si estas lecciones serán realmente aprendidas o si continuaremos viendo más tragedias similares en el futuro.


