Una tradición que perdura en el tiempo
El 8 de septiembre, un día marcado en el calendario de Apurímac, no es solo una fecha más para sus habitantes. Este día, la región se detiene para rendir homenaje a Nuestra Señora de Cocharcas, una festividad que combina fervor religioso y cultura local, convirtiéndose en un evento esperado por todos. Aunque el resto del país sigue con su rutina habitual, aquí la jornada adquiere un significado especial.
La Festividad de Nuestra Señora de Cocharcas tiene sus raíces en más de cuatro siglos de historia. Cada año, los pobladores del distrito homónimo, ubicado en la provincia de Chincheros, se congregan en el Santuario de la Virgen para celebrar esta emblemática tradición. La figura central es conocida como “Mamacha Cocharcas”, quien simboliza la identidad y devoción del pueblo.
A medida que avanza el día, las calles se llenan de vida con misas y ceremonias religiosas que atraen a fieles desde diferentes puntos del país. Las peregrinaciones hacia el santuario son comunes, donde devotos llegan con esperanzas renovadas. La imagen sagrada es llevada en procesión por las calles adornadas con música y danzas tradicionales que reflejan la riqueza cultural andina.
Este evento no solo atrae a los locales; miles llegan desde regiones como Ayacucho, Cusco y Lima para participar. Cada grupo trae consigo sus propias costumbres y tradiciones, enriqueciendo aún más esta celebración colectiva. Las ferias gastronómicas y artesanales complementan las actividades culturales, creando un ambiente festivo donde todos pueden disfrutar.
La devoción hacia Nuestra Señora de Cocharcas tiene su origen en una historia conmovedora que data del siglo XVI. Sebastián Martín Asto, conocido como Sebastián Quimichu, fue uno de los primeros devotos que buscó alivio ante una enfermedad grave al visitar el santuario de Copacabana. Su milagrosa recuperación lo llevó a prometer llevar una imagen sagrada a su comunidad natal, estableciendo así un vínculo entre ambas vírgenes veneradas.
A lo largo del tiempo, esta festividad ha mantenido su esencia original mientras evoluciona con cada generación. El 8 de septiembre no solo representa un día no laborable para Apurímac; es una jornada donde fe y cultura se entrelazan profundamente. La comunidad se une para celebrar sus raíces e identidad cultural mientras rinde homenaje a su patrona.

