Conflictos internos en Juntos por el Perú
Juntos por el Perú (JP) se encuentra en medio de una tormenta política que amenaza con fracturar su cohesión. Desde su llegada a la era bicameral, las tensiones han escalado, revelando una lucha silenciosa entre dos facciones lideradas por Roberto Sánchez y el encarcelado Pedro Castillo. Las disputas no solo giran en torno a la distribución de vocerías, sino también a la asignación de asesores y presidencias de comisiones.
El primer indicio del conflicto surgió durante una reunión crucial donde se discutía la repartición de vocerías. Mientras los congresistas esperaban un diálogo constructivo, Sánchez llegó con decisiones ya tomadas, afirmando que contaba con el respaldo de Castillo desde Barbadillo. “El profesor ha dicho que sea su hermano”, proclamó al designar a José Castillo, hermano del expresidente, como vocero del Senado. Esta decisión generó descontento entre los miembros sanchistas, quienes se quedaron con la vocería en la Cámara de Diputados.
A medida que las tensiones aumentaban, otro frente se abrió: la asignación de asesores. Aunque cada parlamentario tiene derecho a su propio equipo, las bancadas también pueden nombrar colaboradores. En este contexto, Sánchez se autoproclamó asesor principal del Senado, lo que fue interpretado como un intento de controlar al nuevo vocero José Castillo. La facción castillista propuso varios nombres para ocupar estos puestos clave, pero encontró resistencia entre los sanchistas.
Aparte de las luchas por vocerías y asesores, la situación se complicó aún más con las presidencias de comisiones. Fuentes internas revelaron un caos organizativo dentro de JP; incluso una Junta de Portavoces programada fue reprogramada debido a desacuerdos sobre quién debería presidir qué comisión. Mientras algunos buscaban controlar áreas como Constitución o Energía y Minas, otros hacían demandas personales para liderar grupos relacionados con Salud y Transportes.
En medio del desorden interno comenzaron a surgir rumores sobre posibles renuncias dentro del partido. Uno de los nombres mencionados fue el diputado Marlon Aguirre, quien rápidamente desmintió tales especulaciones aunque admitió que había incomodidades dentro del grupo. “No hay renuncia”, afirmó Aguirre mientras intentaba minimizar el impacto del conflicto interno.
A pesar de sus esfuerzos por mantener la unidad, es evidente que las decisiones iniciales tomadas por Sánchez están provocando divisiones adicionales entre los miembros del partido. Con al menos 16 integrantes alineados con Castillo—incluyendo familiares cercanos—la presión aumenta sobre quién será el candidato presidencial si Pedro Castillo logra salir libre.
A medida que avanza esta crisis interna en Juntos por el Perú, queda claro que la lucha por el poder apenas comienza. Con múltiples frentes abiertos y un liderazgo cuestionado, el futuro del partido está más incierto que nunca.


