Un giro inesperado en la política exterior de EE.UU.
En un movimiento que ha dejado a muchos analistas sorprendidos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió cancelar una operación militar planificada contra los hutíes en Yemen, justo cuando todo estaba listo para su ejecución. Esta decisión se produce tras una serie de conversaciones con el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, quien había solicitado apoyo militar para combatir a este grupo rebelde.
La semana pasada, Trump había accedido inicialmente a ayudar a Arabia Saudita con información de inteligencia y localización de objetivos. Sin embargo, tras una segunda llamada del príncipe heredero, el presidente cambió su postura y ordenó al Pentágono preparar ataques aéreos. Según informes del The New York Times, la operación alcanzó un estado avanzado; los objetivos ya estaban seleccionados y las bombas listas para ser cargadas en los aviones.
A pesar de la preparación casi finalizada para el ataque, Trump optó por dar marcha atrás. Las razones detrás de esta decisión parecen estar relacionadas con las preocupaciones sobre abrir otro frente militar mientras EE.UU. ya está involucrado en tensiones con Irán. Además, fuentes indican que muchos asesores del presidente eran escépticos respecto a entrar en conflicto con los hutíes.
Otro aspecto crucial que podría haber influido en la decisión de Trump es el potencial impacto económico. Un ataque contra los hutíes podría provocar el cierre del estrecho de Bab al-Mandeb, lo que afectaría gravemente el tráfico marítimo y podría disparar aún más los precios del petróleo, que ya superan los 100 dólares por barril debido a las tensiones en Ormuz.
El analista internacional Francisco Belaunde Matossian ha señalado que esta situación refleja la complejidad del escenario actual en Medio Oriente. Según él, “Estados Unidos se ha metido en una camisa de once varas y no sabe cómo resolver el problema”. La posibilidad de que un ataque estadounidense agrave aún más las tensiones es un riesgo considerable.
A medida que Estados Unidos navega por estas aguas turbulentas, queda por ver cómo afectará esta indecisión a sus relaciones con aliados como Arabia Saudita y qué implicaciones tendrá para su política exterior en general. La administración Trump enfrenta un dilema: actuar o abstenerse puede tener repercusiones significativas tanto políticas como económicas.


