Una tormenta perfecta en Petro-Perú
La situación en Petro-Perú se ha tornado crítica, con una serie de despidos que han sacudido los cimientos de la estatal. En las últimas semanas, tres altos funcionarios han sido desvinculados, lo que ha generado un clima de incertidumbre y preocupación entre los empleados y analistas del sector.
El más reciente despido fue el de Luis Morales García, quien ocupaba la gerencia corporativa de finanzas desde principios de 2025. Su salida se produce en un contexto donde la Refinería de Talara opera a solo el 60% de su capacidad y enfrenta problemas severos de liquidez, lo que ha llevado a paralizar operaciones.
Morales había estado involucrado activamente en un proceso de reorganización dentro de la empresa, colaborando estrechamente con Rita López, exgerente general despedida anteriormente. La situación se complica aún más con el despido del exgerente general José Manuel Rodríguez, quien fue removido a pesar de estar bajo descanso médico, una acción que podría ser considerada ilegal según jurisprudencia vigente.
Fuentes internas han denunciado presiones para anular registros médicos que podrían proteger a ciertos empleados, lo que plantea serias dudas sobre las prácticas laborales dentro de Petro-Perú. Morales fue despedido tras negarse a seguir órdenes que consideraba perjudiciales para los recursos financieros de la empresa, incluyendo un mandato para “maquillar” pérdidas financieras.
No es la primera vez que Petro-Perú enfrenta cuestionamientos sobre su información financiera. Una reciente auditoría realizada por PwC reveló irregularidades significativas, indicando que la compañía había inflado sus estados financieros del 2025. Mientras reportaron pérdidas por US$468 millones, las cifras reales ascendían a US$601 millones.
Los recientes despidos parecen evidenciar un patrón alarmante: la eliminación sistemática de aquellos funcionarios dispuestos a desafiar decisiones administrativas o denunciar irregularidades. Mientras tanto, algunos empleados con antecedentes legales continúan en sus puestos sin cambios.
A medida que se intensifican las críticas hacia la gestión actual y se multiplican los despidos, el futuro financiero y operativo de Petro-Perú parece cada vez más incierto. La falta de respuesta oficial ante estas acusaciones solo añade leña al fuego en una crisis ya complicada.


