Un panorama preocupante para los jóvenes
En un contexto donde el empleo formal ha crecido a su mayor ritmo en más de diez años, la situación del empleo juvenil se presenta como una sombra sobre este avance. Según datos del Instituto Peruano de Economía (IPE), cerca de 370 mil jóvenes han perdido sus empleos desde 2019, lo que refleja una recuperación desigual y alarmante. A pesar de que los ingresos han superado por primera vez los niveles prepandemia, la alta informalidad sigue siendo un obstáculo significativo, con siete de cada diez trabajadores del sector privado empleados en microempresas informales.
A medida que se acercan las elecciones de 2026, el IPE ha revisado los planes de gobierno de 35 partidos políticos, revelando que 14 de ellos no presentan ninguna propuesta concreta para abordar el empleo juvenil. Esta falta de atención hacia uno de los grupos más vulnerables del mercado laboral plantea serias dudas sobre las prioridades políticas en un momento crítico.
De los partidos que sí han incluido medidas, solo 11 proponen programas temporales principalmente en el sector público. Además, apenas 15 partidos abordan la formación profesional a través de becas y programas educativos duales, lo cual es esencial para preparar a los jóvenes para un mercado laboral cada vez más competitivo.
Aparte del desempleo, la informalidad es otro factor que afecta gravemente a los jóvenes. Muchos enfrentan una alta probabilidad de caer en trabajos informales debido a la falta de oportunidades adecuadas. En este sentido, es preocupante que algunos partidos políticos incluso propongan medidas que podrían aumentar la rigidez regulatoria o generar incertidumbre en lugar de soluciones efectivas.
El costo elevado del trabajo formal también juega un papel crucial. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Perú tiene uno de los mayores costos laborales no salariales en la región, representando hasta el 72% del salario promedio formal. Esto desincentiva a las empresas a contratar formalmente y perpetúa un ciclo vicioso donde muchos jóvenes quedan atrapados en empleos informales con escasas perspectivas.
A medida que se desarrollan las campañas electorales, queda claro que avanzar hacia una agenda efectiva para la creación y formalización del empleo requiere compromisos claros por parte de todos los actores políticos. Con solo siete planes proponiendo reducir costos laborales no salariales, es evidente que aún queda mucho por hacer si se desea revertir esta tendencia negativa.
A menos que se implementen estrategias concretas y viables para fomentar tanto la creación como la formalización del empleo juvenil, cualquier meta ambiciosa quedará relegada al papel sin posibilidad real de materializarse. La pregunta ahora es: ¿qué harán estos partidos para cambiar esta narrativa antes del cierre electoral?


