Un panorama preocupante
Las trayectorias laborales de las mujeres en el Perú son un reflejo de una serie de factores que se entrelazan desde la infancia. En un contexto donde casi la mitad de las mujeres ha experimentado violencia a lo largo de su vida, es crucial entender cómo estas experiencias impactan su futuro laboral. Según datos del último informe de ENDES, el 31% de las mujeres ha sido víctima de violencia en el último año, lo que resalta una crisis social que afecta no solo su bienestar inmediato, sino también sus oportunidades educativas y laborales.
La violencia no es el único factor que limita las posibilidades laborales. La maternidad temprana también juega un papel significativo. La UNFPA ha señalado que ser madre a una edad temprana está asociado con menores probabilidades de completar la educación secundaria y con trayectorias laborales precarias. Entre 2020 y 2026, se han registrado casi cuatro nacimientos diarios en niñas y adolescentes menores de 15 años, lo cual es alarmante y refleja una problemática profunda en la sociedad peruana.
Aparte de estos factores, existe otro elemento crítico: la distribución desigual del trabajo doméstico. Las mujeres dedican más del triple de horas que los hombres a tareas del hogar y cuidado familiar. Esta carga desproporcionada limita su capacidad para adquirir experiencia laboral formal, afectando directamente su inserción en el mercado laboral. En 2025, se estima que el 72% de las mujeres ocupadas están en situación de informalidad, cifra que asciende al 80% entre las más jóvenes.
En este contexto complejo, es fundamental adoptar una visión holística sobre las políticas públicas. No basta con implementar medidas aisladas; es necesario abordar la prevención de la violencia, garantizar continuidad educativa y mejorar el acceso a servicios esenciales como salud y sistemas de cuidado. Estas acciones deben formar parte de una agenda integral orientada a fortalecer el capital humano femenino.
A medida que nos acercamos a nuevas elecciones, es imperativo reflexionar sobre cómo estas dimensiones interconectadas pueden influir en la autonomía económica futura de las mujeres peruanas. No se trata simplemente de igualar condiciones hacia abajo dentro del frágil entorno laboral actual; se trata más bien de construir bases sólidas desde etapas tempranas para fomentar un crecimiento sostenible tanto para las mujeres como para el país.


