Un panorama de desconfianza
El último informe del Edelman Trust Barometer 2026 revela un preocupante fenómeno en Perú: la insularidad. Este término describe la creciente tendencia de los ciudadanos a desconfiar de aquellos que no comparten sus valores o perspectivas, alcanzando a un alarmante 77% de la población. Esta situación plantea serios desafíos para la cohesión social y el funcionamiento de las instituciones.
La desconfianza se extiende más allá de las relaciones interpersonales; también afecta a las instituciones. El Índice de Confianza del país se sitúa en 45 puntos, lo que indica una percepción generalizada de desconfianza hacia empresas, ONG, medios y el gobierno. En este contexto, solo el 32% de los peruanos cree que la próxima generación vivirá mejor que la actual, mientras que un 74%% teme perder su empleo debido a una recesión inminente.
Diversos factores están impulsando esta insularidad. La desigualdad económica juega un papel crucial; entre los peruanos con menores ingresos, ninguna institución es vista como competente o ética. En contraste, aquellos con mayores ingresos otorgan una valoración positiva a empresas y ONG, reflejando una brecha significativa en el Índice de Confianza: 59 puntos frente a 38 puntos.
No solo se observa esta tendencia en el ámbito social; también se manifiesta en el entorno laboral. Un estudio indica que el 38%% de los empleados preferiría cambiar de área antes que reportar a un líder con valores diferentes a los suyos. A pesar de esto, las empresas mantienen una posición privilegiada: la confianza hacia “mi empleador” alcanza un notable 76%% entre los trabajadores.
A medida que crece esta insularidad, surge la necesidad urgente de estrategias para fomentar la confianza y construir consensos. El concepto del “brokering de confianza” se presenta como una solución viable; este enfoque busca identificar intereses comunes y facilitar diálogos constructivos entre grupos diversos. Según el estudio, el 40%% de los encuestados considera que las empresas pueden ganar su confianza promoviendo cooperación sin tomar partido en temas polarizantes.
A medida que Perú enfrenta estos retos sociales y económicos, queda claro que las empresas tienen un papel fundamental en este proceso. Un impresionante 71%% opina que sus empleadores deben actuar como intermediarios para generar confianza entre distintos grupos sociales. Además, se espera que faciliten espacios para diálogos inclusivos y promuevan equipos diversos dentro del entorno laboral.


