Una lección amarga para el Perú
La reciente interrupción en el suministro de gas natural ha puesto de manifiesto una realidad preocupante: la vulnerabilidad del Perú frente a su dependencia energética. Este incidente no solo afectó a los hogares y comercios, sino que también tuvo repercusiones significativas en la generación eléctrica del país.
El gas natural proveniente de Camisea es crucial para el funcionamiento del sistema eléctrico peruano, representando más del 30% de la generación durante las épocas lluviosas y superando el 40% cuando estas disminuyen. Además, abastece cerca del 95% de la demanda industrial y proporciona energía a más de dos millones de hogares. Esta dependencia crítica resalta la necesidad imperiosa de un sistema energético más robusto.
No se trata únicamente de reparar un ducto averiado; el problema es mucho más profundo. La crisis actual revela una estructura energética que depende excesivamente de una sola fuente y ruta. Esto significa que cualquier fallo puede desencadenar una crisis mayor, afectando a todos los sectores económicos y sociales.
Para mitigar esta vulnerabilidad, es esencial diversificar las fuentes y rutas de suministro. La discusión debe trascender lo inmediato; se necesita construir una red nacional con múltiples alternativas que garantice un abastecimiento continuo y seguro. En este sentido, mirar hacia el norte del país, donde ya existen reservas descubiertas en Madre de Dios y Piura, podría ser parte fundamental para lograr un sistema energético más equilibrado.
A medida que se acerca el final del contrato con el Consorcio Camisea en 2040, se hace evidente que no ha habido nuevos descubrimientos significativos en los últimos 15 años. Por ello, es vital potenciar las reservas existentes en el norte y explorar nuevas oportunidades en Candamo. El rol de Perú-Petro será crucial para atraer inversiones necesarias que permitan desarrollar estos recursos.
A pesar del impacto negativo por la falta de gas, es importante destacar que el sistema eléctrico peruano ha logrado mantenerse operativo sin cortes ni racionamientos durante esta crisis. Sin embargo, esto no debe llevarnos a caer en complacencia; replicar esta solidez al sector del gas es fundamental para asegurar un futuro energético estable.
La lección aquí es clara: depender exclusivamente de una única fuente e infraestructura nos hace altamente vulnerables ante imprevistos. Un enfoque proactivo hacia la diversificación territorial del abastecimiento fortalecerá nuestra seguridad energética y protegerá a los usuarios frente a interrupciones masivas.


